
La abogada argentina Agostina Páez, detenida en Río de Janeiro e imputada por injuria racial, denunció ser víctima de una violenta campaña de amenazas de muerte y agresiones verbales a través de sus redes sociales.

La joven se encuentra con prisión preventiva y con tobillera electrónica desde mediados de enero, en el marco de una causa que tomó enorme repercusión pública en Brasil y Argentina.
De acuerdo con lo que trascendió, Páez decidió hacer públicos algunos de los mensajes que recibe a diario, en los que se combinan insultos xenófobos, hostigamiento e intimidaciones directas. Entre los textos que difundió pueden leerse frases como “Cuidado en caminar sola”, “sudaca muerta de hambre” y “ojalá que te maten”, enviados tanto en portugués como en otros idiomas. La abogada expuso estas capturas en su cuenta de Instagram, donde el caso volvió a instalarse con fuerza.
El episodio que derivó en su detención ocurrió mientras estaba de vacaciones con amigas en un bar de Río de Janeiro. Según la versión de la imputada, la discusión comenzó por una supuesta cuenta mal cobrada. Sin embargo, el punto de quiebre fue un gesto captado por un teléfono celular: en el video, que rápidamente se viralizó, se la ve imitando a un mono frente a empleados del local, lo que para la Justicia brasileña configuró una conducta discriminatoria grave.
En Brasil, la injuria racial es un delito específico incorporado y reforzado en los últimos años en el marco de la lucha contra el racismo. La figura contempla penas que pueden llegar hasta cinco años de prisión efectiva. El caso de Páez se inscribe en un contexto de creciente sensibilidad social frente a los actos de odio, especialmente cuando ocurren en espacios públicos y quedan registrados en video.
Reacción en redes y clima de hostilidad
La abogada aseguró que el nivel de hostilidad que enfrenta en el entorno digital le genera temor por su integridad física. Sostiene que prácticamente no puede salir del departamento donde reside en Río de Janeiro ante el riesgo de sufrir algún tipo de agresión. Los mensajes que exhibió incluyen no solo insultos, sino también deseos explícitos de violencia en el ámbito carcelario.
En una de las capturas que se conocieron, un usuario le escribe: “Ojalá te pongan en celda común con muchas chicas de preferencia afrodescendencia para que te den un masaje inolvidable”, en alusión directa a posibles ataques sexuales. Este tipo de expresiones profundiza el clima de linchamiento virtual y abre un debate sobre los límites del repudio social frente a delitos de odio.
La causa judicial y el debate sobre el odio en internet
Tras el estallido del escándalo, Páez había cerrado sus perfiles en redes sociales debido a la magnitud del repudio. Sin embargo, en los últimos días decidió reabrirlos, aunque con fuertes restricciones: bloqueó los comentarios en la mayoría de sus publicaciones y limitó la interacción a un círculo reducido. Pese a ello, las amenazas continúan llegando a través de mensajes directos.
- La imputación que enfrenta es por injuria racial, con expectativa de hasta cinco años de prisión.
- Permanece con prisión preventiva, tobillera electrónica y prohibición de salir de Brasil.
- Los videos del episodio en el bar funcionan como prueba central en el expediente.
EL CASO VUELVE A PONER EN PRIMER PLANO LA DISCUSIÓN SOBRE CÓMO SE COMBINA LA PERSECUCIÓN DE DELITOS DE ODIO CON LA ESCALADA DE VIOLENCIA DISCURSIVA EN REDES, DONDE EL REPUDIO SOCIAL MUCHAS VECES DERIVA EN AMENAZAS DIRECTAS E INCLUSO EN POSIBLES AGRESIONES FÍSICAS.
Mientras avanza la causa en la Justicia brasileña, la situación de Agostina Páez se convierte en un nuevo ejemplo de cómo un hecho registrado por un celular puede desencadenar una condena social instantánea y una ola de hostigamiento que trasciende las fronteras físicas. El desarrollo del proceso judicial y el tratamiento del caso en las plataformas digitales seguirán bajo la lupa de organizaciones que observan tanto los discursos discriminatorios como las nuevas formas de violencia online.


