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El régimen iraní de los ayatolás denuncia «Terrorismo Nuclear» ante la ONU

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Mientras, Trump confirma un ataque masivo contra la cúpula militar en Teherán.

En una jornada de extrema volatilidad geopolítica, el conflicto en Oriente Medio ha alcanzado un punto de no retorno. Este sábado 4 de abril de 2026, mientras el gobierno de Irán eleva una protesta formal ante las Naciones Unidas por el bombardeo de sus instalaciones atómicas, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reivindicó una operación militar de gran escala sobre Teherán que habría descabezado a la jerarquía castrense de la República Islámica.

El embajador de Irán ante la ONU, Amir Saeid Iravani, remitió una misiva urgente al Secretario General del organismo, António Guterres, exigiendo la intervención inmediata de la comunidad internacional. 

El eje de la denuncia, según pudo saber Radio El Mundo, se centra en las «consecuencias humanitarias catastróficas» y la potencial exposición a la radiación tras los ataques dirigidos contra infraestructuras críticas, con especial énfasis en la central nuclear de Bushehr.

Iravani, actuando bajo instrucciones del ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, calificó las incursiones aéreas de Estados Unidos e Israel como un «claro acto de terrorismo de Estado». Según declaraciones citadas por The New York Times, Teherán sostiene que estas acciones no solo son ilegales bajo el derecho internacional, sino que constituyen «crímenes de guerra» al poner en riesgo la seguridad biológica y ambiental de toda la región mediante el sabotaje de reactores nucleares operativos.

Trump anuncia la «eliminación» de los mandos militares

Casi en simultáneo con la protesta diplomática, el presidente Donald Trump utilizó sus plataformas digitales para anunciar el éxito de una ofensiva aérea masiva sobre la capital iraní. Acompañado de un video que muestra explosiones nocturnas de gran magnitud iluminando el horizonte de Teherán, el mandatario estadounidense aseguró que el golpe ha sido definitivo para la estructura de mando del régimen.

«¡Muchos de los Líderes Militares de Irán, que los han dirigido de manera deficiente y poco sensata, han sido eliminados, junto con mucho más, con este ataque masivo en Teherán!», sentenció el presidente Trump.

Aunque el mensaje no precisó la hora exacta de la operación ni la identidad específica de los generales caídos, el tono de la Casa Blanca sugiere una táctica de «máxima presión» llevada al terreno bélico directo. Para la administración Trump, la destrucción de estos objetivos militares es una respuesta proporcional a las provocaciones previas, desestimando las advertencias de Teherán sobre los riesgos radiológicos como una maniobra de distracción.

La convergencia de estos dos eventos sitúa a la diplomacia internacional en una encrucijada. Por un lado, la denuncia de Irán busca activar los protocolos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) para inspeccionar los daños en Bushehr y prevenir una crisis sanitaria masiva. Por otro, el triunfalismo de Washington refuerza la percepción de que la «Operación Furia Épica» (u operativos derivados) ha entrado en una fase de aniquilación de objetivos de alto valor estratégico.

Expertos en seguridad internacional, como el analista Richard Haass, han señalado que el ataque a centros nucleares rompe un «tabú» militar que podría desencadenar respuestas asimétricas por parte de las milicias pro-iraníes en todo el mundo. Mientras tanto, en los pasillos de la ONU en Nueva York, crece la presión sobre António Guterres para mediar en un conflicto donde las palabras «radiación» y «eliminación» ya forman parte del parte diario de guerra.

La comunidad global observa con preocupación el horizonte de Teherán, donde el humo de las explosiones nocturnas se mezcla con el temor a una nube invisible de contaminación nuclear que no reconoce fronteras ni tratados internacionales.

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