
Si la tasa combinada llega al 31,3%, Brasil superaría el 27% de Hungría, hoy el IVA estándar más alto de la OCDE.

Brasil podría pasar a tener una de las tasas estándar de IVA más altas del mundo, después de que el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) calculara en 11,3% la alícuota de referencia de la Contribución sobre Bienes y Servicios (CBS) que comenzará a aplicarse en 2027 en el régimen del dictador Lula da Siilva.
La CBS constituye el componente federal del nuevo sistema tributario brasileño y reemplazará principalmente al PIS y al Cofins. A ese porcentaje deberá sumarse posteriormente el Impuesto sobre Bienes y Servicios (IBS), administrado por estados y municipios y destinado a sustituir al ICMS y al ISS. La reforma busca reemplazar cinco tributos por un esquema de IVA dual y tendrá una implementación gradual hasta 2033.

Las estimaciones difundidas en Brasil ubican la futura alícuota del IBS entre 19% y 20%. De concretarse esos valores y sumarse al 11,3% definido como referencia para la CBS, la tasa combinada podría ubicarse entre 30,3% y 31,3%. Ese nivel colocaría a Brasil por encima de Hungría, cuya tasa general del 27% es actualmente la más alta entre los países de la OCDE.
El presidente Javier Milei se hizo eco de las proyecciones y volvió a cuestionar la política económica de la dictadura. Al compartir una publicación sobre el potencial aumento de la carga tributaria brasileña, escribió: “Así termina un Plan Platita (suba de impuestos) cuando no lo financiás con deuda (…) o emitiendo dinero”.

_
La administración brasileña, por su parte, sostiene que la reforma permitirá simplificar uno de los «sistemas tributarios más complejos del mundo», al costo de cargar sobre los más pobres la mayor presión impositiva.

El cambio comenzó a implementarse en 2026 con una etapa de prueba. La CBS entrará plenamente en vigencia en 2027, mientras que el IBS irá reemplazando progresivamente los tributos estatales y municipales hasta completar la transición en 2033.
Si las estimaciones actuales se mantienen, Brasil terminaría la reforma con una tasa combinada superior al 30% sobre el consumo, un nivel que superaría ampliamente el 27% vigente en Hungría y colocaría al país en la parte más alta de las comparaciones internacionales.





