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Agostina, la nieta de Santo Biasatti, debutó como angelita de LAM: “Cuando era chiquita jugaba a que él era mi representante”

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Pasó su infancia en Bariloche, decidió ser periodista luego de estudiar Medicina y, sin valerse de su apellido, se fue haciendo un lugar en los medios: ayer debutó en el ciclo de Ángel de Brito y sorprendió con su frescura y desparpajo.

Agostina Biasatti estudió Medicina y después se decidió por Ciencias de la Comunicación

Agostina Biasatti estudió Medicina y después se decidió por Ciencias de la Comunicación…

Tiene 29 años y es la nieta mayor de Santo Biasatti. Como su abuelo, decidió ser periodista, aunque antes intentó estudiar Medicina. Sin valerse de su famoso apellido, Agostina Biasatti se fue haciendo lugar en los medios y pasó por varias redacciones y estudios de radio y televisión y hasta compartió con su abuelo un noticiero en Perfil TV. “No tuvo nada que ver nuestra relación”, jura. “Yo me había postulado y el productor nos puso juntos, fue hermoso”. Ayer debutó como “angelita” en LAM. Y sorprendió con su frescura y su desparpajo.

–¿Por qué quisiste ser periodista? ¿Fue lo primero que se te ocurrió o antes hubo otras cosas?

–Antes hubo otras cosas. En un momento quise ser médica, en otro momento quería ser actriz, y la verdad que me fui dando cuenta de que cuando venía a visitar a mis abuelos, siempre iba al canal, a la radio y me di cuenta que estaba re empapada de eso. Yo vivía en Bariloche y empecé a pensar en venir a Buenos Aires para dedicarme a lo que mamé toda mi vida.

–¿Siempre viviste en Bariloche?

–No, nos fuimos para allá cuando yo tenía 4 años. Y a los 18 me vine a estudiar acá. Me di cuenta de que quería entretener a la gente y poder llevarle una sonrisa o sacarla del día a día. Entonces empecé a estudiar Ciencias de la Comunicación.

–Sola, solísima. Aprendí a cocinar, a limpiar, a organizar las cuentas. Cuando vivís en el interior, te crían sabiendo que vos terminás el colegio y te vas a Buenos Aires, a La Plata, a Córdoba o a Neuquén a estudiar. Y bueno, empecé a estudiar Comunicación en la UB. Después hice locución, por las dudas. Y de a poquito me fui metiendo, fui conociendo gente, les decía “estoy estudiando esto”… y así fue.

Agostina Biasatti y su abuelo Santo, en pantalla
Agostina Biasatti y su abuelo Santo, en pantalla

–¿Nunca usaste la carta de tu abuelo?

–No la usé nunca, todavía. O sea, supongo que algunos cuando me ven y me preguntan mi apellido, hacen la conexión. Otros no, hacen la conexión mucho después. En la universidad sí me costó un poquito, pretendían que yo sea algo que no era, esperaban que fuera igual a mi abuelo, hasta que yo me senté y les dije “No soy igual, yo soy yo, soy diferente, me gustan otras cosas”.

–¿Qué pretendían? ¿Que fueras seria, por ejemplo?

–Sí, que fuera seria o, no sé, tal vez perfecta. Y yo era una nena de 18 años, había salido de mi ciudad, me estaba adaptando a un lugar nuevo… Y tengo un montón de otras cosas. A mí siempre me gustó el periodismo de espectáculos y no sé qué esperaban, ¡que hiciera un análisis sociopolítico económico a los 18 años!

–Claro, en ese sentido te perjudicaba el apellido.

–No se si me perjudicaba, pero sí sé que los profesores esperaban otra cosa. Después cambió. Ya para el último año me conocían, sabían cómo era.

–¿Por qué te gustaba el espectáculo?

–Me gustan mucho los programas de entretenimiento, siempre recomiendo series, películas, cosas que te saquen del día a día, del mundo en el que vivimos que es bastante complicado. Siempre fui para ese lado: llevarle a la gente una sonrisa u otra cosa que lo haga desconectar después de haber trabajado todo el día. Por eso siempre me gustó.

"Todavía no he encontrado a alguien que hable mal, más que nada de mi abuelo o de mi abuela, que son los que más trabajaron en esto. Nunca un ataque, nunca una burla, siempre re bien. Eso me llena de orgullo", dice Biasatti
«Todavía no he encontrado a alguien que hable mal, más que nada de mi abuelo o de mi abuela, que son los que más trabajaron en esto. Nunca un ataque, nunca una burla, siempre re bien. Eso me llena de orgullo», dice Biasatti.

–¿Te gustan los chismes?

–La verdad medio que no. Pero si se da, con respeto, lo haría. No me gusta cuando son muy cizañeros.

–¿En algún momento te sentiste víctima de chismes?

–No, cero, porque por suerte cuando se habla de mi familia, se habla muy bien. Todavía no he encontrado a alguien que hable mal, más que nada de mi abuelo o de mi abuela, que son los que más trabajaron en esto. Nunca un ataque, nunca una burla, siempre re bien. Eso me llena de orgullo, que después de tantos años se siga hablando bien de mi familia. Nunca recibí burlas ni ataques.

–Hubo un momento en que tu abuelo recibió amenazas hacia vos.

–Ah sí, me amenazaron a mí, porque soy la nieta más grande, la que me sigue tiene 13 años. Yo tenía 4 años, no me acuerdo, y al toque después de eso me fui con mi mamá a vivir a Bariloche.

–¿Te lo contaron de grande?

–Si, me enteré hace poco. Y eso sí fue medio shockeante, pero bueno, también con el momento que estaban pasando… El caso José Luis Cabezas… Igual, ¿qué tenía que ver yo?

–¿Se fueron por esto a Bariloche?

–No. Mis papás se separaron y mi mamá se reencontró con un amor de joven, mi papá Agustín, porque ya es mi papá. Y a él le ofrecieron trabajo en Bariloche y dijo “nos vamos”, y fue lo mejor que me pasó en la vida.

–¿En serio?

–Sí, es muy lindo, muy tranquilo, vivir en Bariloche me dio una libertad que capaz acá no hubiese podido tener. Aparte de lo de la amenaza, no sé, allá tenía diez años y volvía en colectivo sola, jugaba en la vereda, andaba en bicicleta por la calle, iba a caminar al centro. En Buenos Aires no sé si hubiese podido tener eso.

La periodista sorprendió con su desparpajo en su debut ayer en LAM
La periodista sorprendió con su desparpajo en su debut ayer en LAM.

–¿Tu papá a qué se dedica?

–Mi papá fue periodista muchos años, después se dedicó a otra cosa y ahora volvió a ser periodista. Está más relacionado con la comunicación institucional.

–¿De él también aprendiste un poco?

–Pasa que cuando yo fui más grande, él ya se dedicaba a otra cosa, estaba trabajando en una empresa, entonces no lo vi haciendo periodismo.

–¿Y tu tío?

–Cuando yo nací, él estaba estudiando para piloto. Se dedicó a ser piloto muchos años y ahora volvió, todos volvieron al periodismo. Ahora es productor en Crónica TV.

–¿Qué hace tu abuelo ahora?

–Está haciendo radio en Continental, de 7 a 10 de la mañana.

–¿Cómo fue trabajar con él en Perfil TV?

–Re lindo.

–¿Te retaba o te apoyaba…?

–No, siempre apoyar. Siempre. Siempre, siempre. La que hila más fino es mi abuela, Me dice: “Che, mirá, dijiste esto. ¿Por qué no vas más por este lado?”, pero siempre desde el apoyo.

–¿Cómo es Santo fuera de cámara?

–Muy jodón. Yo le pregunté una vez cómo hacía para cambiar tanto frente a cámara y me dijo que bueno, que a veces le tocaba contar historias muy duras y que no se podían dar de otra manera. Y le dije “tenés razón”, es verdad lo que dice, nunca lo he visto así. Pero fuera de cámara es recompinche. Cuando era chiquita yo jugaba a que tenía programas de radio, de tele… Y él era mi representante.

–¿Te tenía paciencia?

–Sí, re.

–¿Hubo alguna charla con tus abuelos cuando empezaste a estudiar periodismo?

–Siempre fue como “bueno, si es lo que te gusta, dale para adelante siempre”. Si te gusta el periodismo de espectáculos, dale para adelante con el espectáculo. Si te gusta el político, dale con eso. Sí me acuerdo que mi abuela me dijo “empezá desde abajo”. Ahora lo pienso y cuando pasás por todos los puestitos como asistente de producción, móvil, cámara en piso… conocés todo, entendés mejor, entendés todo. Tenés una mirada mucho más amplia de lo que está pasando. O sea, si vos de arriba escuchás algo, ya sabés qué puede estar pasando o cuando te dice el movilero una cosa de una forma, ya sabés qué puede estar pasando o no. Entonces, haber hecho todos los roles me sirvió mucho para tener una mirada mucho más amplia del trabajo y entenderlo.

–¿Y esa vez que trabajaste con tu abuelo, ¿cómo fue? ¿Él te convocó? Porque llegaron a trabajar juntos.

–Yo había tenido una entrevista como cuatro meses antes en Perfil, la entrevista quedó ahí, pasó el verano en el medio, y después lo convocaron a él y le dijeron “che, la queremos llamar a tu nieta”, y él dijo “sí, obvio, más vale” y ahí terminamos trabajando juntos.

–Claro, porque si no sabés la historia pensás que él te puso ahí.

–No, cero, jamás. En estos años jamás lo hice levantar un teléfono, nada. O sea, todo lo que conseguí, me lo conseguí yo.

–¿Te da orgullo eso?

–Sí, son formas, o sea, todo el mundo me decía “pero bueno, no está mal que lo hagas levantar un teléfono..”, no es que no lo necesite, pero…

–No querés.

–Yo mando un WhatsApp, digo “soy Agostina, trabajo para esto…”, lo puedo hacer yo. También creo que en nuestra profesión hay que tener la caradurez de mandar un mensaje “che, teneme en cuenta” o “estoy sin laburo”…

–Pero él no te dice por ejemplo, “¿en qué andas?, ¿estás con algo de trabajo?”…

–Sí, pero se lo cuento como abuelo, no como colega.

–¿Si vos no le pedís, él no hace nada, respeta que vos sigas tu camino, no se mete?

–No no, cero. O sea, se lo cuento como “Che abu, me surgió esto” pero se lo cuento como nieta, como te lo podría contar a vos. Algunas veces le dije “si sabés de algo más, avisame” pero no más que eso.

–¿Y cómo surgió tu faceta de tarotista?

–El tarot surgió porque siempre sentí como una conexión con el más allá, bueno, no sé si “el más allá”, pero algo que no sabía cómo bajarlo y plasmarlo. Mis amigas siempre me decían “¿qué sentís de esto? Sos re bruja”, y nada, investigando y estudiando, cuanto más trabajás eso, más lo sentís y más sentís otras cosas. Entonces primero empecé con el tarot, a tirar las cartas, con mis amigas… Necesitaba plasmar eso que yo sentía en un lugar. Después empecé con las limpiezas energéticas, con las limpieza de chakras y así fui sumando cosas hasta que me copó y dije “Bueno, me voy a lanzar para ayudar también a otra gente con estas cosas”. Así que nada, ahí estoy con el tarot a mil, cuando me contactan yo les hablo como si fuesen mis amigas. Por eso se llama “tarotamigui”, un tarot como si le consultaras a una amiga y el consejo o lo que bajo de información te lo doy como si fueses mi amiga y te conociera de toda la vida.

–Pero ya lo instalaste como algo laboral.

–Sí, es un emprendimiento. Por eso me armé otra cuenta de Instagram, para no mezclar la mía de periodismo con esa, quería diferenciar los públicos. Ahí subo cosas con videos motivacionales, explicando lo que hago. Y capaz al que sigue a la Agostina periodista no le interesa. Entonces ahí ando, tarot a mil, me va bien, me gusta, la gente vuelve, me consultan.

–¿Qué te gusta más de las dos cosas?

–Las dos, porque con el periodismo vengo hace diez años ya trabajando; lo del tarot es muy nuevo, tiene seis meses el emprendimiento, pero me gustan las dos, y cuanto más trabajás y laburas, más sentís otras cosas.

–Y el periodismo tiene que apasionarte también, porque cada vez está más difícil todo.

–Sí, yo creo que los medios están en un momento súper bisagra ahora, que todos los que trabajamos lo estamos viviendo, no sabemos para dónde ir. Si vemos los números de rating, no son los que se manejaban antes y si vemos la otra parte, que es la de los canales de streaming, que les van excelente, que han sabido encontrar un público sin hacer periodismo. Es un contenido para divertir, para acompañar. Es como que estamos en el medio, viendo qué hacer.

FUENTE: LA NACIÓN. 

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